He escrito y reescrito versiones de este post bastantes veces. Llevo enganchada a él varios meses. Es una pelota que tiro contra la pared y vuelve. Porque hablar de infertilidad es, para mí, como tener un muro inescalable delante. Y aunque haya otras salidas, soy incapaz de contemplarlas. Y escribir cuando estás en bucle no es fácil.

Han pasado 6 años desde que intenté ser madre por primera vez, desde que intentamos ser padres. Soy LA amiga con problemas de fertilidad de todos mis amigos y conocidos. Y cómo jode. Cada vez que alguien tiene un dificultad te dice que se ha acordado de ti, o que te entiende perfectamente. La primera, sostenida en el tiempo, me jode un poco, pero a la segunda, me dan ganas de responder un poco asertivo «ni de coña».

El paso de la prueba de embarazo y las decepciones mes a mes me lo salté, nunca miré un test de embarazo porque mi historia empezó con el diagnóstico de una enfermedad. Me dieron billete para un viaje sin escalas a la lista de espera de la FIV. 

Esperamos dos años y medio para la primera llamada. Tras hacer un primer intento fallido (sin que llegara siquiera a transferencia, es decir, que no hubo bichillo vivo que sobreviviera al proceso), esperamos otro año para el segundo. El segundo confirmó que nuestra materia prima era bleh, y que si queríamos ser padres, tendríamos que ir de prestado. Es decir, ovodonación, como poco. Eso sí, fuera del sistema, ya que las dos punciones ováricas que no pasaron de ahí ya contaban como los dos intentos que te ofrece la sanidad pública. “Os vamos a dar el alta” nunca sonó tan triste.

Expulsados, esperamos otro año. Para procesar y para poder reunir la desorbitada cantidad de dinero que vale un deseo, pagando. En estos años, he reflexionado mucho sobre por qué quiero ser madre. En parte, para saber si realmente quería pasar por esto. Me da la sensación de que lo de ser padres, sobre todo cuando se está en pareja, es un paso más para “avanzar”. Es lo que toca, si te apetece, ¿por qué no? Y si tienes suerte y todo llega de forma natural, a lo mejor las preguntas te las empiezas a hacer después. O no. Pero yo me las he hecho, muchas veces, antes, y me he preguntado por qué no he nacido con la parte racional más desarrollada que la emocional, joder. 

Mi parte racional dice que vivir en pareja es lo más. En nuestro caso, la única responsabilidad es la de un hijo canino que nos alegra mucho los días, que tiene unas necesidades básicas que son fáciles de cubrir y que además nos ayudan a mantenernos cuerdos incluso en las rachas de bajón. Los gastos se reducen a nuestras propias necesidades y caprichos (y por el momento, al coste de la clínica de fertilidad), dormimos bastante bien, no vivimos preocupados a todas horas por los cuidados de otro ser… El problema es que, pese a esto, sigo queriendo ser madre.

En nuestra última y cuarta mudanza (y se viene alguna más, seguro), nos echaron porque el familiar que nos alquilaba el piso tenía que volver a él. Fuimos víctimas del efecto dominó de la crisis inmobiliaria. Vivíamos en una ciudad donde nos sentíamos muy cómodos, pero los alquileres no nos duraban más de los tres años que marca la ley. Una amiga me dijo en tono de broma que por qué nos empeñábamos en seguir viviendo en esa ciudad, si parecía que nos expulsaba todo el tiempo. Después de varios intentos de FIV, alguna gente ya empieza a preguntarme por qué sigo intentándolo. 

Al margen de lo desubicada que me parece la pregunta, la verdad es que yo tampoco lo sé con certeza. Mientras intentamos ser padres y nos dejamos toda la salud mental y el dinero en el (los) intento(s), la pregunta sigue en el aire.

Hace poco he podido medio llegar a una conclusión algo más profunda que “porque sí”, que me guardo para mí. Para cada quien habrá una respuesta, pero seguro que, si las comparamos, no son tan diferentes entre sí. Pero lo que tengo claro es que (SPOLIER DE ‘ENVIDIOSA’), al igual que Vicky se dio cuenta de que no quería ser madre en realidad, a mí me ha emocionado darme cuenta de que tengo claro que quiero seguir intentándolo. 

Y el post del que os hablaba al principio, que no he sido capaz de terminar… Os lo iré dejando por aquí, por fascículos. Es demasiado largo, demasiado intenso, y como acabo de empezar, no quiero que os canséis de mí. Os adelanto que hablaré a calzón quitao sobre la envidia, la hipersensibilidad con todo lo relacionado con el embarazo y las embarazadas, cómo es vivir encadenando duelos, cómo se resienten algunas relaciones… Y todo eso sin perder la cabeza por el camino. Bueno, un poco sí. Os sigo contando en unos días.

4 respuestas

  1. Qué bueno leerte amigui☺️
    Esperando que sigas hablando de este tema tan difícil y confuso. Ya sabes que aquí estamos, no solo para leerte, con tooodo el cariño, porque sí!😘

  2. Cómo ya te he comentado alguna vez, no sé ni qué decirte, a pesar de que sabes que mi camino fue un poco similar, sólo recordarte que aquí estoy para cuando necesites hablar o lo que sea.

    Un abrazo muy grande

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